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PASTORAL 2019-2020

17 septiembre, 2019

OBJETIVO GENERAL DE CENTRO

PARA EL CURSO ESCOLAR 2019-2020

Acrecentar nuestra amistad con Jesús, que, con su Palabra y su vida entregada, nos muestra el Amor incondicional del Dios que camina con nosotros,  que da sentido a nuestra existencia  y que, con la Luz y la Fuerza de su Espíritu, nos capacita para descubrirle y amarle en nosotros y en quienes nos rodean y poder transmitirlo con gozo en nuestros ambientes.


OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

1. Tomar conciencia de la realidad que nos rodea y cómo nos influye en nuestra forma de percibirnos y relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestro mundo.

2. Dejar que la luz del Evangelio ilumine nuestros ojos y nos permita vernos y ver el mundo como  Dios lo soñó antes ya de crearlo. 3. Vivir y celebrar la acción transfor-madora de Dios en nuestro mundo a través de nuestra misión evangelizadora. misión evangelizadora

PALABRA DE DIOS.
TEXTO PRINCIPAL: Los discípulos de Emaús (Lucas 24,13-25)

PALABRA DE LA IGLESIA:

“Gaudium et Spes” (Vaticano II) es muy buena para nosotros.

“Christus vivir” (Papa Francisco a los jóvenes, pero también podemos aplicárnoslo los adultos).

Palabras de MADRE JOSEFA: “Vivir con Jesús es un cielo”

OTROS TEXTOS: (os los iré dando) y vosotros podéis también añadir los que os parezcan adecuados para el tema.

Por si os sirve para alguna celebración: Los discípulos de Emaús 

Oración inicial.

 Me dispongo  a la oración. Procuro crear silencio interior y exterior. Pido al Señor que sepa percibir toda la fuerza de su Palabra y pueda sentir interiormente la acogida que Jesús me dispensa. ¿Qué dice el texto? Lc 24,13-25 Haz una lectura pausada y tranquila, como si se tratara de la primera vez. Descubre la fuerza de las palabras. Es Buena Nueva para ti.

13 Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; 14 iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. 16 Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 17 El les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. 18 Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». 19 Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; 20 cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. 22 Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, 23 y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». 25 Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! 26 ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». 27 Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 28 Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; 29 pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. 30 Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31 A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 32 Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 33 Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, 34 que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». 35 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Comentario bíblico

 La aparición de Jesús a los discípulos de Emaús nos presenta la primitiva iglesia de los discípulos en marcha hacia la fe y revela los elementos constitutivos de la vida comunitaria. Los discípulos, ayudados por el caminante anónimo, comienzan haciendo memoria de la vida de los últimos días: la pasión y la muerte de Jesús, las ilusiones truncadas y la tumba vacía con la aparición de los ángeles a las mujeres. A continuación el compañero de camino hace una catequesis bíblica, siguiendo las Escrituras para ver qué dicen del Mesías sufriente. La vida y la palabra de Dios conducen a la celebración del sacramento, en este caso la fracción y la bendición del pan. La conjunción de los tres elementos -vida, palabra, y fracción del pan- provocan la apertura del corazón y de los ojos para captar la presencia del Resucitado. El Resucitado se revela en la alternancia entre presencia y ausencia: cuando está presente «no es visto», y cuando se abren los ojos de los discípulos, entonces ya no está. Y es que Jesús nos acompaña aunque no lo percibimos, y cuando se nos abren los ojos de la fe y el corazón de la comprensión entonces lo percibimos presente aunque nuestros ojos corporales no lo vean. Todo acaba retornando a Jerusalén, rápidamente, para contar lo que habían experimentado y vivido a lo largo del camino. La vida cristiana no es completa si falta el testimonio de lo que vivimos con el corazón y los ojos de la fe bien abiertos: la presencia del Resucitado que transforma nuestras vidas. Es la eucaristía donde mejor se expresa lo que quiere comunicarnos este episodio del evangelio de Lucas: acudimos con nuestra vida de toda la semana, la confrontamos con la palabra de Dios que escuchamos y que nos explica, nos nutrimos con el pan de vida que Jesús bendice y parte para nosotros, y salimos del banquete apresurado para testimoniar lo que hemos vivido en la presencia del Resucitado.

¿Qué te dice el texto?

Intentas pasar del texto a la persona de Jesús. Escucha lo que te dice, qué camino te invita a recorrer. Jesús se te hace el encontradizo.

 ¿Qué te impide percibir su presencia?

Él interpreta tu vida a la luz de la Palabra.

¿Qué lugar ocupa en tu vida la Palabra de Dios?

Descubre la presencia del Resucitado en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía.

 ¿Agradeces, deseas la posibilidad de celebrarlos?

 Con la Pascua de Cristo, también tus ojos se abren más y más a la fe, y tu corazón se ensancha. El Resucitado crea comunión. Él te invita a comunicar la fe, las motivaciones vocacionales, la labor apostólica.

¿Cómo te dispones?

Los discípulos, con júbilo incontenible, se levantan de la mesa y vuelven a la comunidad de Jerusalén. Anuncian a sus hermanos y hermanas la experiencia con el Resucitado.

¿Contribuyes a que tu comunidad, tu grupo, tu familia sea signo de la «presencia de Cristo resucitado”?

Qué dices tú a Dios?

 • Diálogo Con el Padre, que ha levantado de la tumba a su Hijo. Con Jesús resucitado, vivo  y presente en la Iglesia. Con el Espíritu, aliento de toda comunidad y fraternidad. • Acción de gracias Por el acompañamiento que Jesús hace en tu peregrinaje. Por el fuego que ha puesto en tu corazón. • Petición Poder experimentar el gozo de la presencia de Jesucristo en la oración, en las celebraciones, en el encuentro con los hermanos y hermanas. Que el Espíritu ilumine tu vida, tus pasos en el seguimiento de Jesucristo. Que puedas ser buen compañero de camino de tantos hermanos y hermanas. Oración Quédate con nosotros, Señor, porque atardece;

que el camino es arduo, y fuerte el cansancio. Quédate para decirnos tus palabras vivas que serenan la mente y remueven el alma. Aviva el rescoldo de nuestro pobre corazón, disipa las dudas y quita el miedo. Quédate y purifica rostro y entrañas; abrasa nuestra tristeza; danos esperanza. Pártenos el pan de tu compañía; ábrenos los ojos de la fe adormecida. Quédate y renueva valores y sueños; danos otra vez tu joya y tu paz. Condúcenos siempre por el mundo, en la vida, para ver tu rostro en las personas «heridas». Quédate con nosotros, Señor, que el día ya decae, que el camino es arduo, y fuerte el cansancio. Amén.

Acción de gracias Da gracias a Dios por el conocimiento que se te ha revelado en Jesucristo. Pide al Espíritu que te haga pasar de esta Escritura a la vida.

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